Una guerrillera subrogante de vientre, una “tilinga” “conurbanera” que en los 90 fue modelo top y la hija que resultó de su amor con un empresario ejecutor de los destinos del país, se encargan de hacer detonar, en la novela de Puebla “El cuerpo es quien recuerda”, las formas progresistas que se disputan la supremacía sobre lo políticamente correcto.
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